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domingo, 16 de octubre de 2016

Insomnio


Hoy más que nunca tuve la necesidad de definir lo que pasa por mi mente las noches que sufro de insomnio, que para ser franca, son exactamente todas.

Se pasan centenares de ideas, imágenes que evocan pasados tristes o  alegrías fugaces, esas que son nuevamente deseables.

Pero cómo definir el insomnio, será acaso esa pesadilla de horas mirando el techo, pensando en lo que quisiera y quizá no será, memoria larga de analepsis, provocaciones, tentaciones, frustraciones, planes y un par de amores platónicos.


Y entonces, de repente siento, que eso del insomnio es algo desvariantemente  bueno.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Qué Lío con los Lunes

Últimamente el ‘grito de la moda’ nos llama a hacer de los lunes un día diferente, que nos llenemos de motivos, que esto, que aquello, que actitud positiva, que las encuestas dicen, un centenar de palabrería, que a fin de cuentas nadie (ni quienes con efervescencia lo viven diciendo) hacen algo para hacer de los lunes un día diferente.

Hoy me puse a la tarea de hacer este lunes diferente. Es un lunes lluvioso y frío ¿Qué más quieren? Llevábamos días, semanas y meses soleados; ahí tienen su lunes, ya empezó diferente. Pero en mi querer entender eso de los lunes diferentes me pregunté un par de tonterías ¿por qué es tan necesario ver y hacer los lunes diferentes? ¿Qué tan diferente es el lunes del martes o del viernes?  ¿Será que quienes trabajan el domingo y descansan el lunes también piensan igual? Y la verdad las respuestas se pusieron algo esquivas… es por aquello de que algunos madrugan más, o porque el trabajo en el que están les hace infeliz , o es porque deben estudiar… en definitiva en ningún caso es culpa de los LUNES, así que dejémonos de palabrería. Haga cada uno de sus días diferentes y especiales, lo que le aburre es la rutina y nada tiene que ver con que sea lunes.

Pero para que vean que mi lunes fue diferente, hoy al salir de casa, y en plena fría Bogotá me encontré un murciélago agonizante, me impresioné un poco, lo más cercano que había visto a uno de estos animales fue en una enciclopedia donde se hablaba de la taxonomía en sexto de bachillerato, pero… ¿qué hacia un murciélago en tierra fría? ¡No creo que haya venido por “zapatos a la zapatería”!.


Ahora los invito a que cuenten su historia de “lunes diferente”.

sábado, 13 de agosto de 2016

Sádado


Con pasos cadenciosos, la marcha de su caminar y el mío, él y su mezcla perfecta de colores, un dorado cuan rubio, su orgullo blanco y su vestir negro, somos él y yo, caminando por las calmadas calles de una Bogotá medio deshabitada muchos han salido de viaje, él y yo no.

Después de mucho pensarlo él y yo decidimos quedarnos y aprovechar la desolada ciudad que nos da espacio simplemente para caminar y respirar, vamos tras el deleite que produce tranquilizarnos.

Él y yo somos dos almas gemelas, camina al paso, nunca detrás, nunca más adelante simplemente al paso, sus pequeñas manos se mueven en compas perfecto con sus patas, tintinean sus uñas sobre el asfalto, su mirada noble, sencillamente el mirar más puro y su nariz fría justo al lado de mi blanco pantalón.


Hoy es sábado, otro sábado como cualquier otro y mi perro, mi mejor amigo, y yo saldremos a hacerlo diferente. 

jueves, 9 de junio de 2016

Mi Mundo Ideal No Usa Paraguas


La ciudad en la que vivo hay poco o nada de tener un clima estable, acá mientras hace sol llovizna y mientras llovizna hace calor, y mientras hace sol no hace calor, y un bronceado es imposible; pero ya sea por lluvia o por sol, las espantosas sombrillas siempre aparecen.


No soy del todo huraña o renuente sobre el inapropiado, voraz, excesivo e injustificado uso de aquel ‘aparatillo’  de superficie cóncava despegable, de plástico o tela, poli y monocromático de estructura en varillas y cuya versión clásica puede servir hasta de bastón o apoyo, e incluso, la versión de bolsillo lo hace aún más sencillo de llevar, o en mi caso personal, lo hace más accesible a estorbar.

Se preguntarán por qué me molesta a tal modo aquel invento tan útil para protegernos de las lluvias, y los motivos pueden ser algo vanos pero a la vez sencillos. De repente, entro a una ‘importante’ tienda de cadena de mi país y veo como la gente paga por hacerle publicidad a través   de la compra de un paraguas de color rechinante con el logo de dicha tienda, y es que ¿ni siquiera los compradores o clientes merecen que les regalen dicha publicidad? ya, por ahí, el paraguas se convirtió en un elemento de marketing que nos venden y nosotros compramos, para seguir comprando, pues tan sólo basta con algo de lluvia para sentirme inundada de publicidad, marcas, productos y tiendas que nos invitan a seguir comprando, y he allí uno de los motivos (no general) por el cual me desagradan.

Y ahora me dirijo al camino por el cual las sombrillas sólo hacen estorbo, y es que la gente los usa porque caen dos gotas de agua, o porque caen muchas (en este caso es totalmente comprensible), usan paraguas porque hace un hermoso día soleado, lo cual hasta gramaticalmente es incorrecto: PARA-AGUAS en días de SOL, en fin, y es que he visto como gente golpea gente, como paraguas se enredan en cabelleras risadas (como la mía), he visto como gente se queda atrapada entre postes, veo como la gente con sus paraguas mojan a la demás gente ya sea en el transporte público o por la calle, veo como la gente se complica a la hora de secarlos y guardarlos, veo como se pierden y se los roban, como los usan en medio de conciertos e interrumpen la visibilidad y el goce natural de espacios al aire libre, y es que claramente al único personaje que le luce el paraguas es a Mary Poppins.

No son mucho los motivos, y no son claramente argumentos, pero mi mundo ideal no tendría de aquellos aparatos, que además de complicarme o complicarnos, me ha pegado unas buenas mechoneadas, que estorban visualmente con su publicidad, que es mal amigo pues se desbaratan en mitad de los aguaceros y que cubren la cabeza pero nunca los pies.  Desde que tengo uso de razón nunca he utilizado uno de ellos y aquí me tienen, sana, escribiendo esto, solicitándoles que no paguen por llevar un logo o publicidad, que sólo lo usen cuando es meramente necesario, eviten mojar al resto de la gente, y sobre todo, eviten quedar enredados entre árboles o postes, eso, mi querido lector, es realmente gracioso.
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